¿Quién dijo miedo?
Y es que en este mundo anodino de hoy, jugar al golf es un lujo. Entiéndame bien. Me refiero a que este deporte requiere de nuestra disponibilidad absoluta. Horas de entrenamiento, relajación mental, un buen equipo, una salud de hierro, y como no, que el tiempo nos lo permita. Y es que los que estamos condenados a trabajar durante la semana nos vemos en figurillas para disfrutar del golf. Atascos, puntualidad en el trabajo; se sale de noche y curiosamente se vuelve a llegar de noche a casa. Nuestra vida nos malea y nos intenta distraer de un deporte que afortunadamente llevamos en la sangre.
Y no hartos con todo esto, cuando llega el ansiado fin de semana, esos días que tenemos libres, esas horas con las que por fin contamos para jugar con y contra nuestros amigos y contrincantes; nos levantamos, miramos por la ventana y ohhh!!! ¿pero qué es esto? El sol no está. En su lugar hay unas nubes oscuras y amenazantes que nos advierten de que no va a ser un buena idea acercarse por el campo. Y como no, tú te acuerdas del famoso chiste de Mafalda en el que Guille mira a su padre y le dice: ahh, como, no hay sol? Padece mentira, un sedvicio público…
Y es que así es como nos sentimos, como unos estafados. -Yo me había asegurado que íba a hacer sol este fin de semana-
Ahora bien, y que os sirva de guía como a mi me sirve, tal y como dice un amigo mío: “Al golf hay que jugar incluso los días que hace sol”.
Si os sentís así no os preocupéis. Para esos días en los que estaremos presos entre cuatro paredes, no por el tiempo meteorológico, si no por el profesional, aquí empiezo mi blog que espero os ayude a liberar vuestro alma de golf.